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ROLLING STONE
Por admin | September 8, 2009
COMO EN CASA
Comida casera, recomendación boca a boca, bajo perfil, reservas vía blogs. La gastronomía con calor de hogar. Por Julieta Goldman
Que mejor plan que cenar el fin de semana en el comedor o living, con vajilla especial, una comida súper caserita, y todo eso sin tener que cocinar. Superado el fenómeno de los bares secretos, desde el año pasado viene tomando forma un mapa gastronómico que, por definición, es de bajo perfil: los restaurantes a puertas cerradas. Por suerte, este nuevo formato se caracteriza por su diversidad: hay opciones carnívoras, vegetarianas, orgánicas, gourmet, de comida judía y cubana. Todas estas opciones son atendidas por sus dueños, lo que evita lidiar con algunos mozos beligerantes, incompetentes o con camareras desatentas por el servicio pero no por la propina. La única exigencia (además de tener el dato) es reservar lugar con anticipación, ya que la cantidad de cubiertos siempre es ultralimitada.
La práctica de abrir las puertas del hogar y convertirlo en un salón comedor, íntimo y familiar, es un clásico de Cuba de los 90. Se trata de los famosos paladares y se conocen con esa denominación gracias a una serie televisiva brasileña de la que los cubanos son fans. Una de las heroínas del culebrón decide abrir un restaurante, al que pone por nombre Paladar.
La city porteña cuenta con numerosos restaurantes privados, rubro en el que, curiosamente, en lugar de competencia suele existir una cuota importante de compañerismo. Se alientan los unos a los otros, recomendándose entre sus clientes. Los viernes, sábados y algunos jueves de julio y agosto, Colegiales da lugar a la cocina orgánica con Kensho: Cocina para Despertar. Un menú orgánico de cuatro pasos recorre todos los sabores y temperaturas: dulce, salado, amargo, ácido, agridulce, tibio, helado, caliente y frío, todo sazonado con cantidad de especias. Lugar ideal para relajarse y aprender algunos preceptos del budismo zen y de la alimentación orgánica. La noche termina con una adorable y necesaria digestión. Entre almohadones, en el piso, el dúo Long She, liderado por el cocinero Máximo y la suave voz de Guillermina Díaz, da un cierre con melodías variadas de candombe, bossa & soul (para reservar kensho-restaurante.blogspot.com).
En pleno barrio chino, además de tanto palito y arroz, también se puede encontrar comida judía askenazí, la que desciende de familias que vinieron de Europa Central, Rusia, Polonia, Lituania, Alemania. Hace veinticinco años que Juanita Posternak, hija de ucranianos, abrió las puertas de su casa y prepara porciones abundantes como toda buena madre judía suele hacer. De Lunes a Lunes, con sus dulces 80, Juanita está al mando de Mis Raíces - Alta Cocina Judía (Arribeños 2148), un tenedor libre para sesenta y cinco cubiertos. Todo es caserísimo, desde el pan, hasta los varenikes, los knishes de papa, el famoso pescado de las fiestas (gefilte fish con jrein), blintzes de queso y el strudel de dulce de membrillo. No es necesario conocer Israel ni haber celebrado Bar Mitzvá para la admisión del lugar. Eso sí, Juanita se enoja si uno no come en cantidad o si no repite alguno de los platos.
Para aquellos amantes de la carne que ya se estaban preguntando dónde poder comer un bife, aves o mariscos a puertas cerradas, La cocina discreta brinda respuestas. Viernes, Sábados y dos Jueves al mes se corren de lugar los muebles del PH y se transforma el living en salón para veinte comensales. Todo está servido en una auténtica vajilla de colección que quizás alguna abuela entregó como parte de su legado. Un largo pasillo desemboca en este reducto con parrilla a la vista y galería de arte incluída. La cena se compone de un aperitivo de bienvenida, plato de entrada, principal y postre, café y té para quien guste, Será cuestión de salir a pasear por Villa Crespo y encontrar el timbre que da lugar a La cocina discreta o mejor entrar a www.lacocinadiscreta.com y contactarlos por esa vía.
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